Kieran no apartó ni un momento la mirada de aquel macho mientras se acercaba lentamente hasta él.
Aisha, por el contrario, no podía dejar de ver al hijo del Alfa Kian. Sus movimientos eran calculados, pero al mismo tiempo parecía relajado, cada paso quedaba insinuaba el poder, el magnetismo y la fuerza que emanaba inconscientemente. Ella se mordió el labio inferior, sintiendo un extraño sentimiento arremolinándose en su vientre.
—Muéstrame lo que has aprendido aquí, espero que no sea estar detrá