Punto de vista de Nova
“Si no, ni se te ocurra volver a escaparte. O me da igual tenerte atada a mi cama, desnuda y gimiendo durante los próximos tres meses…”, dijo, mientras la habitación quedaba sumida en un silencio sepulcral. No podía ni abrir la boca para replicar, pues sabía de lo que Cole era capaz cuando se trataba de mí. La oscuridad en su aura y su dureza, apoyadas contra mi vientre, eran tan reales como si yo estuviera aplastada contra el colchón bajo él, después de seis años.
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