Punto de vista de Laila
—¡Mamá! ¿Cómo te fue en el trabajo?
—Bien, pequeña. Muy bien.
Cuando por fin se quedó dormida, me senté a solas en la oscuridad. A pensar.
La habitación de Jason, aquella estantería, los tesoros que había conservado.
Cada pequeño detalle que le había regalado descansaba allí, como piezas de museo.
Por un instante, en aquel cuarto, me había permitido creer que significaba algo. Que quizá, después de todo, me había amado de verdad.
Pero ya no podía permitirme esa fantasía.