Perspectiva de Laila
Richard era un mentiroso; no existía motivo alguno para creer que me diría la verdad sobre lo ocurrido, pero no podía negar la tentación. En el fondo, deseaba saber qué le había sucedido a mi padre durante el asalto de los renegados. A esas alturas nadie lo sabría mejor que mi tío: la servidumbre había sido condenada al ostracismo y a mi madre la habían asesinado hacía poco.
De modo que alcé la mano y la posé sobre la suya, que permanecía extendida, y acepte el baile.
—Lail