Punto de vista de Laila
Al día siguiente, tras ponerme el vestido, no podía apartar los ojos de Jason con su esmoquin. Por fin había llegado la hora de la ceremonia y sobraban los motivos de preocupación; sin embargo, en aquel instante, lo único que podía hacer era contemplarlo y apreciar lo apuesto que lucía.
Por la manera en que me miraba, intuí que sentía lo mismo.
—Eres la hembra más hermosa que he conocido jamás.
—¿Intentas adularme? —pregunté con picardía.
—Sí, pero es la verdad —respondi