Punto de vista de Laila
—Siempre fuiste ordinaria —dijo Adelaide. Levantó un poco la cabeza para mirarme por encima del hombro. Tan arrogante y altanera como siempre.
—Dime dónde está mi cachorra —repetí, dejando que toda la rabia se filtrara en mi voz. Apreté los puños, dispuesta a destrozar aquel lugar, y a ellos también, si era necesario.
No solía perder los estribos de aquella manera. Los años de trabajo en una industria que dependía de los contactos y las asociaciones me habían enseñado a