Punto de vista de Laila
Dos días.
Ese era el tiempo que había transcurrido desde la operación de Ava: cuarenta y ocho horas de aire viciado, pisos con olor a antiséptico y el rítmico pitido de las máquinas que se había convertido tanto en canción de cuna como en tormento.
Dos días viviendo dentro de esta estéril habitación de hospital, contando cada frágil latido en los monitores como si pudiera desaparecer si me atrevía a parpadear demasiado tiempo.
El sanador Martínez calificó la intervención