Punto de vista de Laila
Todo volvió a hervir en mi interior. Los comentarios, las burlas, las pequeñas puñaladas que lanzaba siempre que podía…
Hoy no.
—No trabajo en el servicio de cafetería —respondí con voz tranquila y uniforme, aunque el corazón me latía a diez mil por hora.
Ella enarcó las cejas.
—¿Perdón?
—Ya me escuchaste. Consigue tu propio café.
La temperatura en aquel ascensor descendió unos diez grados. Jason observaba entonces, con mirada perspicaz, como si supiera que algo estaba a