—Buenos días —Julien susurró en su oído a la mañana siguiente, despertándola al comienzo de un nuevo día.
Lacey se dio la vuelta y bostezó. —Buenos días. —Luego miró a su alrededor y vio que entraba demasiada luz del día a través de la puerta que conducía a la sala de estar—. ¡Oh, no! ¡Nos hemos quedado dormidos!
Julien sonrió. —No, necesitabas descansar. Le pedí a Kodiak que se hiciera cargo del entrenamiento de los jóvenes guerreros por hoy para que pudieras descansar.
—No, tengo que tra