—Así que... —El hombre puso una mano sobre su pecho—. Mi nombre es Chef Mastrano, a su servicio. —hizo una pequeña reverencia a Lacey y sonrió—. ¿Qué puedo traerle?
Lacey se encogió de hombros.
—Tengo tanta hambre que me comería un caballo. ¿Qué tienes?
—Tú eres la Princesa, ¿verdad?
Ella asintió.
El chef Mastrano suspiró.
—Bueno, a la mayoría de los cambiaformas les gusta el bistec. ¿Qué tal eso con una papa al horno?
A Lacey prácticamente se le hizo agua la boca ante la idea.