91. Tarde o temprano
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Selena
Subí al coche con un suspiro, dejando caer la cabeza contra el respaldo. El día había sido largo, y lo único que quería era llegar a casa, ducharme y meterme en la cama.
Ismael cerró la puerta con cuidado y rodeó el vehículo para sentarse en el asiento del conductor.
—¿Directo a casa, señorita Selena? —preguntó con su tono educado de siempre.
—Sí, por favor —respondí, masajeándome las sienes.
El auto arrancó suavemente, deslizándose por las calles iluminadas. Afuera, la ciudad seguía