65. De rodillas la suelo
65.
Zaira
Sollozaba sin parar, mirando por la pequeña ventanilla del avión. Las luces de la ciudad abajo parecían pequeñas manchas difusas a través de las lágrimas que no dejaban de caer. Sentía que el pecho me ardía, como si alguien lo estuviera aplastando con fuerza, y por más que intentaba tranquilizarme, no podía.
Entonces, un pañuelo apareció frente a mí.
Parpadeé confundida, levanté la cabeza y me encontré con un rostro vagamente familiar.
—Es muy triste ver a una señorita llorar —dij