28. No debería cruzarme
28
Karen
El hombre me veía con lascivia y yo ya estaba acostumbrada a ese tipo de miradas que ni siquiera me hacían temblar. Solo lo miré desprovista de emociones.
—Bueno, preciosa, ¿comenzamos? —El hombre rubio extrovertido rompió mi trance, palmeando el sofá junto a él.
Me acerqué, manteniendo mi sonrisa profesional, y comencé mi rutina. Movimientos elegantes, seguros, como si el espacio me perteneciera. Los hombres silbaron y aplaudieron, pero mi atención seguía volviendo al desconocido