18. Cena con Prometida
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Anaiza Seraphiel
Cuando vi el mensaje de Gabriel, no pude evitar sonreír con satisfacción. Al fin, las cosas comenzaban a alinearse como debía ser. Le respondí rápidamente, fijando la fecha: dos días. Para entonces, mi hijo conocería a su prometida, y si todo salía bien, su vida—y la de mi nieto—mejorarían considerablemente.
—George, lo logré —dije emocionada a mi asistente mientras acomodaba unos papeles sobre mi escritorio.
—Me alegra mucho, señora Seraphiel —respondió con su habitual so