104. Por las buenas o por las malas
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Selena
Por un segundo, vi la duda en su rostro. Era breve, fugaz, pero estuvo ahí. Entonces las palabras de mi hermano llegaron.
—Solo eres una esclava sexual —se rió mi hermano, y la tensión en la oficina se aflojó.
—Ahora te crees tan importante ¿no? —escupió mi madre con rabia.
Las palabras parecieron relajar los hombros de Lázaro, que de inmediato me miró con burla.
—Solo eres una esclava, Misty —repitió él con aire de superioridad—. Ese tal Bishop puede conseguirse muchas otras.