Después de darle vueltas en su cabeza a lo que acababa de suceder entre Liam y ella, Rebecca se preparó para irse a la cama. Estuvieron el resto de la tarde jugando juegos de mesa, tuvieron una cena deliciosa hecha por el mismo Liam y acostaron a Maya lista para dormir.
Rebecca se sentía como si estuviese formando parte de una familia, algo que le resultaba encantador y la atemorizaba a la misma vez porque, por más que su cabeza insistiera en olvidarlo, Liam es su jefe, el arrogante y engreído