GIANNA
—¡Señorita, cuidado!
Sentí que el alma se me iba del cuerpo, y por unos segundos no pude hacer nada más que ver.
Donovan no pudo sacar su arma, esa que llevaba en una funda al costado, porque el sujeto atacó demasiado de la nada como para darle tiempo a desenfundar.
—¡Ayuda, ayuda, alguien quiere matarnos! —empecé a gritar en inglés, y luego cambié al neerlandés—. ¡Por favor, ayuda, alguien, ayudaaaa!
Don le dio un puñetazo al tipo y lo tiró apenas a un lado, pero este hombre parecía ser