CAMERON
El piso temblaba, los gritos, el terror, el temor, mis propios miedos, mi propia locura.
Dios mío… ¡Dios mío!
Por un momento, la desesperación me llenó, pero pude calmarme y pensar con claridad casi enseguida, y pasé del guardia y entré corriendo al hospital, sin importarme si alguien me seguía o no.
Veía a la gente correr, y escuché dis.paros, lo que me alarmó todavía más. Pasé de toda esa gente y subí las escaleras tan rápido como pude. Detrás de mí venían Don, Tom y Carsen, y el prim