29. Es a ti a quien quiero llevar a casa, por favor
Kira se encerró en su oficina después del lanzamiento y cerró la puerta con tanta fuerza que incluso las persianas se removieron.
Llorar no era propio de ella, no por una tontería, pero después de todo su esfuerzo, de la forma en la que había estado trabajando las últimas semanas y el tiempo invertido para que todo saliera según lo previsto, no pudo evitarlo.
Clavó las palmas con aspereza en el escritorio y ahogó una maldición. No supo cuánto tiempo pasó de estar así, intentando contenerse para