La noche caía sobre Houston como un manto de terciopelo negro, salpicado por las luces de la ciudad y el ocasional destello de sirenas. Desde la azotea de un rascacielos abandonado en el corazón del distrito financiero, Yasmany Ramos observaba la ciudad que había jurado proteger, ahora sumida en el caos.
El viento cálido de Texas agitaba su cabello, trayendo consigo el olor a humo y el eco distante de disturbios. A su lado, Caroline permanecía en silencio, su presencia un ancla en la tormenta d