El estruendo de cristales rotos despertó a Yasmany en medio de la noche. Se incorporó de golpe, el fuego ya ardiendo en sus manos, listo para enfrentar cualquier amenaza.
"¡Caroline!" gritó, buscando a su esposa en la oscuridad.
"Estoy aquí," respondió ella, su voz tensa pero firme. "Alguien ha entrado en la casa."
Pasos pesados resonaron en el pasillo. Yasmany se movió silenciosamente hacia la puerta, su cuerpo tenso como un resorte. De repente, la puerta se abrió de golpe, y tres figuras enma