La respiración de Logan era incontrolable, sus movimientos eran bruscos, con cada segundo que transcurría lo único que él deseaba era lanzarse sobre ella, siendo cada vez más difícil de ocultarlo.
«Eres demasiado fuego para dejarte a la deriva, quiero que seas mía... Solo mía, de manera involuntaria quiero protegerte de la tormenta, pero en sí, yo... Yo soy la maldita tormenta.
No me puedo controlar, no cuando estoy frente a ella; no te puedo proteger, no si es de mí mismo», pensó Logan mientra