Poco después, Thorne regresó. Esta vez no pidió permiso para entrar; simplemente apartó la tela de la entrada y pasó al interior de la tienda.
Kaelen apenas levantó la vista de los documentos.
—Dale tu muñeca.
Extendí el brazo.
Thorne se acercó y me hizo un pequeño gesto antes de tomarlo.
—Con su permiso, señorita.
Lo siguiente no fue agradable.
Sus dedos rodearon mi muñeca con cuidado, pero en lugar de limitarse a revisar la zona que ya estaba hinchada, comenzó a examinarme desde el hom