Capítulo 30. Kaelen
Habían pasado algunas horas desde que la humana se había quedado dormida. Podía escuchar su respiración débil y acompasada, así como observar el movimiento lento de su pecho subiendo y bajando bajo las sábanas.
Yo no podía dormir.
Había demasiado que pensar y demasiado que hacer.
Finalmente me levanté de la cama y caminé hasta la única ventana del dormitorio. Aparté ligeramente la cortina y observé la luna suspendida sobre el castillo, iluminando los patios y las torres que acababa de conqu