Grace llegó a su oficina con el cansancio marcándole las facciones. Se dejó caer en su silla, mirando el ventanal que daba a la bahía de San Francisco, intentando alejar de su mente la imagen de Dominic. La puerta se abrió de golpe y Danna su mejor amiga, la vicepresidenta de operaciones, entró con paso firme. Acababa de aterrizar tras varios días fuera.
—No puedo creer que ese imbécil nos haya causado tantas pérdidas por un capricho —soltó Danna, lanzando su tableta sobre el escritorio de Gr