C26: Ya no nos pueden pisotear.
—¡No! ¡No le vendan nada! —chilló Sarah, saliendo tras él con el rostro encendido de humillación. No podía permitir que Grace Scott luciera uno de sus diseños, y menos comprados por él.
Maxwell sacó su teléfono, activó la cámara y empezó a transmitir en vivo para sus miles de seguidores y contactos empresariales.
—Estoy en la Joyería Colleman —dijo mirando a la cámara con una calma letal—. La dueña, además de ser poco profesional...
Sarah se lanzó sobre él y le arrebató el teléfono de un manot