El estruendo de los objetos estrellándose contra el suelo retumbó en toda la planta baja. Charlotte y Sarah se tensaron en el pasillo. La abuela, que había colocado la revista con precisión quirúrgica, fingió un sobresalto y corrió hacia el despacho.
—¿Qué ocurre, cariño? —preguntó Charlotte al entrar, con la voz cargada de una preocupación falsa.
Dominic estaba de pie en medio del caos. Tenía el pecho agitado y la mirada fija en el vacío. La revista yacía arrugada sobre los restos de una lámpa