Todos los sirvientes del castillo se les quedaron viendo de camino a su habitación, pero ninguno de ellos se interpuso en su recorrido o les ofreció ayuda sin que se la solicitaran. El castañeo de los dientes de Isobel aumentó cuando Graham la instó a ponerse de pie y llevó sus manos a los botones traseros de su vestido, ocasionando que este cayera arremolinado a sus pies. Tenía una especie de funda debajo, pero esta se transparentaba y se ceñía a su cuerpo como una segunda piel.
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