Tienes que cuidarla

Regresando a la conversación, Graham se forzó a sí mismo a concentrar sus pensamientos en la situación y no en la exquisitez del cuerpo de Isobel y vio a su abuelo afirmar con una sonrisa divertida, la cual sacaba de juego a sus acompañantes. Era más que obvio que el anciano tenía experiencia en esto y que encontraba entretenida la situación.

─Por suerte para todos nosotros, eres un hombre sumamente humilde. Si no te ha molestado vivir tantos años en un exilio auto impuesto, estoy seguro de que
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