Norman Stone
Mi celular vuelve a sonar y resoplo. Tiro mi bolígrafo a un lado y miro la pantalla. Lo mismo que todos los días. Es la quinta vez que ignoro su llamada solo hoy.
—Doctor Stone, su padre desea una reunión con usted. Lo espera es su oficina en quince minutos —Nancy, mi asistente, comunica por el intercambiador.
—¿Le dijiste que estoy ocupado en el proyecto? —Pregunto escueto y fastidiado.
—Si, doctor, lo hice, pero mencionó que era urgente y que no debía dejar de ir.
Masajeo mis sie