—Oh, vamos, ya me siento mal —me quejé al dejar caer mi espalda en el sofá, concluí la nueva copa de vino que Max me había dado, además de la botella que ya habíamos agotado.
—Esta vez fuiste tú quien quiso beber más; yo no te incité —se lavó las manos Max, y sí, era cierto, esta vez fui yo quien quiso beber. Tal vez me afectó un poco hablar de Eduard.
—Bien, lo admito, pero déjame decirte que este día fue increíble —manifesté con los ojos cerrados. Creo que ya estoy ebria.
—¿Lo fue?.
—Por supue