—Ve a tu habitación y descansa, yo me encargare de que Mía regrese a la habitación sana y salva —Yeral lo provoca.
—Vamos.
La agarra de la cintura, pegándola lo más que puede de su cuerpo y salen de la sala de juntas para dirigirse al bar que queda junto a la piscina.
—Deja de comportarte como un cavernícola —lo regaña avergonzada por lo que esta haciendo.
—No tiene derecho a desafiarme, eres mía.
—No soy un objeto —le recuerdo aún más molesta.
—Hay un contrato que lo demuestra, ¿quieres que te