Mía regresa a la casa con un desazón en el corazón sabe que es un trabajo adicional lo que está haciendo, que todo fue un trato y que si eso se llegase a descubrir, seria Gerard quien tendrá que dar una explicación al respecto. No ella.
Sube las escaleras casi arrastrando los pies, en cuanto abre la puerta del cuarto donde duerme su hijo, lo ve acostadito tomando su siesta y su amiga recostada en la cama leyendo un libro.
—Hola amiga, no los esperaba hasta mañana ¿no les fue bien? —habla en vo