65. Promesa de amor
Después de tener que ir a controlar a la bestia, Mía tomo como medida almorzar juntos todos los días y si había alguna reunión, junta o alguna otra cosa que se interponía en sus planes, entonces el otro lo acompañaría.
A Gerard le agrado todo aquello al principio, ya que por lo general, Mía solía tener almuerzos de negocios o cenas, pero cuando era él el que tenía dichas reuniones, no lo pasaba muy bien viendo a sus clientes quedar anonadados por Mía.
—¿Cómo sigue tu mal humor? —entra Andrés a