Otro renegado se abalanzó sobre mí desde un costado. Solté al primero y giré, atrapando al segundo en medio del aire. Caímos en una maraña de extremidades y dientes, rodando por el barro. Me lanzó zarpazos a la cara, intentando alcanzarme los ojos. Movi la cabeza hacia atrás bruscamente y le clave los dientes en la pierna, triturando hueso y tendón. Aulló e intentó zafarse, pero no lo solté hasta que dejó de moverse por completo.
Solté al renegado que sujetaba y me moví hacia el siguiente. Este