Melissa no levantó la vista mientras me acercaba.
—Avery —dijo, arrancando una mala hierba de la base de su planta de calabacín—. Dos veces en una semana. De verdad te debe gustar el ajo.
—Melissa —dije—, tengo un dilema. Esperaba que pudieras ayudarme.
—¿Ah, sí?
Se lo expliqué de la forma más clara posible. Le comenté que necesitaba algo que pudiera aumentar la absorción, algo que actuara rápido y fuera seguro de combinar con lo que ya tenía.
Melissa escuchó todo el tiempo, asintiendo con