Alejandro miró alrededor y pronto una idea le surgió, haciéndolo sonreír brillantemente.
—Señorita Johnson, ahora saldremos— dijo Alejandro.
—¿Cómo?—pregunto Katrina curiosa.
De repente, Katrina sintió un ligero agarre en su muñeca, al mismo tiempo que Alejandro la atraía hacia atrás y la cargaba en sus cálidos brazos. Antes de que pudiera liberarse, él le dio la vuelta y la encerró entre sus brazos. Sumergiendo su cabeza en su oído.
—Esta es la mejor manera de salir sin levantar sospechas— le