—¡Gritaré! —lo amenazó Ariel, con la bolsa de compras ya preparada para lanzársela—. Te juro que voy a gritar y…
Alex metió la mano en el bolsillo y sacó una llave, y Ariel solo pudo quedarse mirándolo con la boca abierta mientras abría la puerta junto a la suya y entraba.
La puerta se cerró con un clic, y sus pupilas siguieron ensanchándose mientras observaba el espacio vacío que él había ocupado segundos antes, uniendo las piezas en su cabeza.
No había manera de que pudiera entrar a esa casa