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Tan pronto entramos en la habitación que compartíamos, Dominic me aprisionó contra la pared. Sus ojos me miraban con tanta rabia contenida.
— Ahora dime, mi ángel... Dime la verdad — enrolló un mechón de mi cabello en su índice, mirándome con tanta obsesión que me sentí estremecer—. ¿Querías acostarte con Julián? ¿Querías darle tu inocencia?
— No, Dominic. No quería ni quiero — le dije, sacudiendo la cabeza en negación, abriendo mis manos en su pecho. Ya estaba tan cansada de su insistencia