Dominic rió más de mi inminente vergüenza, mientras yo sentía rabia de él por estar divirtiéndose a mi costa.
— No le encuentro ninguna gracia —dije, mirándolo con mucha rabia.
Dominic ignoró mi rabia, lanzándome una sonrisa burlona.
— Pero yo sí, mi payasita.
¡Hijo de puta cínico! ¡Desgraciado!
Seguro que su hobby favorito era irritarme, además de, claro, estar obsesionado conmigo.
— ¡Y tú eres un loco psicópata! —dije, intentando ofenderlo de alguna forma, aunque sabía que mis palabras e