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Cuando entré en la empresa acompañada por Lorenzo y otro soldado de Dominic, dejando a los otros soldados afuera, sentí miradas quemar en mi espalda. Algunas personas que trabajaban en la empresa de Dominic – mujeres y hombres que vestían ropa más formal – me miraron en una mezcla de curiosidad y con algo que parecía admiración, que decidí ignorar. Creo que quizás había vestido una ropa demasiado corta. Cielos, la próxima vez no usaría un tacón de quince centímetros.
Al llegar a la recepció