Narrado por Luisa
Conforme los años pasaban, aunque quisiera ser el orgullo de mi padre, un deseo sombrío más fuerte que mi conciencia me invadía: el deseo de quitarle el dolor a todo lo que me irritaba y destruir todo lo que me cansaba, hasta que un día, sin resistir, maté a un maldito gato.
Y por un buen tiempo pensé que era un monstruo.
Cuando sentía ganas de hacer cosas que la sociedad decía que estaban mal, me culpaba por ser una persona anormal, por ser un monstruo. Y por años, después de