—¿Acaso no lo sabías? —le dice Carlo con sarcasmo—. Bueno, ahora lo sabes.
—Zoe, yo no… —él trata de explicarse, pero Zoe no lo deja.
—Lo sé, también lo olvidaste… pero no te preocupes —le dice tocándole el brazo en un gesto que le resta importancia—, esas cosas pueden pasar.
Zoe se gira hacia el pastel, sopla la vela, pidiendo solo un deseo y todos aplauden, ignorando por completo al hombre que está allí, sin saber qué hacer. En aquel instante, se escucha el chillido de Anabet, que viene llega