—¿Me amas? —La voz quebrada de Elisa estaba llena de incredulidad.
La mirada de Andrei se volvió suave. Daría todo el oro del mundo por siempre ver esos ojos brillantes mirándolo.
—Te amo, pequeña bailarina —afirmó y ella comenzó a sollozar en voz baja, sintiéndose plena y feliz—. Hey, no llores…
A Andrei no le gustaba verla llorar y ella lo sabía, pero no podía retener la sensación que le embargaba en ese momento. No se lo esperaba y sentía que su vida se volvía un cuento de hadas hermoso solo