Capítulo 141. Vamos a jugar.
Juliette Moreau
Una punzada insoportable me atraviesa la cabeza mientras intento abrir los ojos y la desesperación me ahoga, porque todo permanece negro.
«No… No es oscuridad. Tengo los ojos vendados».
Intento incorporarme, pero las muñecas me arden y mis brazos ceden a la posición incómoda en la que estoy. Tardo unos segundos en comprender que también estoy atada.
«Más bien, encadenada».
Mi respiración se agita, e intento quedarme tranquila el tiempo suficiente para reconocer dónde estoy.
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