—Espérame aquí un segundo, mi vida —dijo Ethan, dejando la silla de ruedas cerca de las puertas automáticas —. Voy a buscar la camioneta al sótano para que no tengas que caminar nada.
—No tardes, por favor —pidió Chloe con voz débil, sintiéndose pequeña y expuesta sin él.
—Cinco minutos. No me tardo