Cap. 93: ¡No le hagas daño!
El jardín de la mansión Bellucci estaba bañado por la cálida luz de la tarde. Renata estaba sentada en una pequeña mesa de madera, observando a Dante y Chiara pintar con entusiasmo. Los niños reían mientras mezclaban colores, creando trazos improvisados en sus hojas. Renata no podía dejar de sonreír. Por momentos, todo su dolor parecía desvanecerse al ver la felicidad en el rostro de Dante.
—¡Mire, señora Elise! —exclamó Dante, mostrándole un dibujo con líneas torpes pero llenas de color—. Es u