Cap. 102: ¡Déjalo vivir tranquilo!
Renata se acercó lentamente, su rostro reflejaba compasión y dolor. Cuando Doménico la miró, sus ojos suplicaban un perdón que él mismo no sabía si merecía.
—Doménico… —comenzó ella, su voz suave pero firme—. Necesitas ayuda. Estás enfermo. Esto no tiene justificación.
Doménico sacudió la cabeza, como si intentara comprender sus propias acciones.
—Yo… pensé que ibas a volver con él… pensé que todo esto… que todo lo que hice por ti no valía nada… —murmuró, su voz llena de desesperación.
Renata n