Cap. 101: ¡Está muerto...!
Renata permanecía arrodillada en el suelo, abrazando el cuerpo inerte de Ángelo con desesperación, como si al apretarlo contra sí pudiera devolverle la vida. Sus lágrimas brotaban sin control, cayendo sobre el rostro pálido de aquel que alguna vez había sido su refugio, su tormento, su amor. La sangre que manchaba su pecho se extendía lentamente, pero Renata no podía soltarlo. No podía aceptar que cada segundo que pasaba lo alejaba más de ella.
—¡No, no, no! —susurró primero, pero luego su voz