Esa noche, el silencio del Valle Sagrado se sintió más pesado que de costumbre. Liam se levantó a mitad de la madrugada, con los ojos soñolientos y un puchero en los labios, pidiéndole a su mamita que durmiera con él. Valeria, con el corazón enternecido, lo cargó y lo llevó hasta su cama para que descansaran juntos, esperando que el calor del abrazo arrullara al pequeño rápidamente. Sin embargo, la mente del niño estaba en otro lugar.
Liam se acomodó entre las sábanas y, de la nada, lanzó la pr